Arquitectura · Patrimonio
Los cines que sobreviven
convertidos en otra cosa
Librerías, salas de conciertos, gimnasios, supermercados. La sala de una sola pantalla dejó de ser rentable hace décadas y hoy sobrevive casi siempre siendo otra cosa. La pregunta es qué se conserva cuando se conserva el edificio.
Clara Vilanova · · 4 min de lectura
Foto: Wikimedia Commons
El cine de una sola pantalla es uno de los tipos arquitectónicos peor adaptados a su propio siglo. Se construyó para un público que llegaba a una hora fija a ver una película, en un espacio enorme, con una geometría que solo sirve para eso, y sobrevivió al cambio de costumbres como sobreviven los animales grandes: mal.
De las salas que quedan en pie, muy pocas siguen proyectando. La mayoría se han salvado a cambio de dejar de ser un cine: librerías, salas de conciertos, teatros, tiendas, gimnasios, iglesias evangélicas. El edificio permanece; la función, no. Y ahí empieza la discusión interesante sobre qué significa conservar.
Una geometría que no sirve para casi nada más
La sala de cine clásica es un volumen en pendiente, con el suelo inclinado hacia la pantalla, un anfiteatro voladizo, una cabina de proyección en el eje y una acústica calculada para un altavoz situado detrás de una tela. Ninguna de esas decisiones es reversible con facilidad: el suelo inclinado impide poner estanterías o mesas sin construir una plataforma nueva encima.
Por eso las reconversiones más frecuentes son las que aceptan la pendiente en lugar de pelearse con ella. Un auditorio, un teatro o una sala de conciertos aprovechan exactamente la misma geometría, y son también las intervenciones que menos daño hacen al edificio original.
El suelo inclinado es el detalle que decide el destino de una sala: quien lo respeta conserva el edificio, quien lo aplana lo convierte en un local.
La librería, el nuevo destino habitual
La reconversión en librería se ha vuelto casi un género. Funciona porque un cine ofrece lo que una librería grande necesita y una planta comercial normal no tiene: altura, un espacio único sin pilares intermedios y una escenografía heredada que ninguna cadena podría permitirse construir desde cero.
El precio es una plataforma escalonada sobre el suelo original y, casi siempre, la desaparición de la cabina de proyección. La sala se conserva a la vista y deja de funcionar como sala. Es un buen acuerdo comparado con la demolición, pero conviene llamarlo por su nombre: se ha salvado la caja, no el mecanismo.
Qué se conserva cuando se conserva el edificio
En patrimonio del siglo XX esta pregunta se repite con las fábricas, los mercados y las estaciones. La respuesta de la práctica actual es que el valor está en el espacio y en su envolvente, y que la función es sustituible. Es una posición razonable y también una renuncia: los oficios asociados al edificio —el proyeccionista, la cabina, el ritual de la sesión— desaparecen con ella.
Hay una vía intermedia que aparece cada vez más en los proyectos: conservar la capacidad técnica aunque no sea el uso principal. Dejar la cabina, mantener una pantalla plegable, garantizar por contrato un número de proyecciones al año. Cuesta poco en obra y es la diferencia entre un edificio que recuerda lo que fue y uno que todavía puede serlo.
El criterio que conviene exigir
Ante cualquier reconversión de una sala histórica hay tres preguntas que ordenan el juicio, y ninguna requiere ser arquitecto. La primera: ¿se conserva la pendiente o se ha aplanado el suelo? La segunda: ¿sigue leyéndose el volumen completo desde dentro, o se ha compartimentado en plantas? La tercera: ¿queda alguna posibilidad técnica de volver a proyectar?
Un proyecto que responde que sí a las tres ha conservado el edificio en un sentido fuerte. Uno que responde que no a las tres ha conservado una fachada, que es lo que ocurre en la mayoría de los casos que se anuncian como rescate patrimonial.
La alternativa real, conviene recordarlo, casi nunca es un cine que sigue funcionando: es un solar. Frente a eso, una librería con el techo original a la vista es una buena noticia. Solo que es una noticia sobre arquitectura, no sobre cine.
Los criterios de valoración que se citan al final del texto son los que aplica esta redacción al cubrir rehabilitaciones de patrimonio del siglo XX.
Elaborado a partir de literatura abierta sobre patrimonio arquitectónico del siglo XX y de la documentación pública de varios procesos de rehabilitación.